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Blog - Parque Del Recuerdo - Camposanto Católico

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EL CIELO: NUESTRA ESPERANZA

Siempre que ha partido alguien de este mundo, nos dicen “que se ha ido al cielo”, “que está descansando”, “que ya no está sufriendo” y “que está en presencia de Dios”. Pero ¿por qué estas palabras no nos quitan la angustia y el dolor? quizás porque no sabemos, realmente, qué es el cielo y lo maravilloso que es estar allí.

El cielo es una promesa entregada por Dios a los hombres que siguen su camino. Un lugar en donde la muerte no existe. “El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1024). ¿Por qué entristecernos en demasía si nuestros seres queridos están vivos y felices? No tiene mucho sentido, ¿verdad? Y es que el cielo es la felicidad eterna, es donde estaremos siempre presentes frente a Dios, algo que no puede compararse con nada en la tierra. “Vivir en el cielo es estar con Cristo" (cf. Jn 14, 3; Flp 1, 23; 1 Ts 4,17).

El cielo es un regalo. Es un estado de alegría infinita que se nos da por haber llevado una vida, que a pesar de nuestros pecados, siempre ha apuntado, se ha esforzado a vivir como Jesús nos enseñó. Morir físicamente para llegar al cielo no debe ser motivo de tristeza, sino de felicidad: “En la gloria del cielo, los bienaventurados continúan cumpliendo con alegría la voluntad de Dios con relación a los demás hombres y a la creación entera” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1029). Empecemos a crear un amor distinto para poder entender esto, un amor en el cual el dolor no nos nuble la mirada. Un amor que frente a la muerte recuerde que el cielo es nuestra esperanza.

Es bueno recordar que ganar el cielo es no sólo buscar encontrarse con Dios, sino también buscar encontrarse con nuestros seres queridos que ya se encuentran ahí. De alguna forma, es el mejor recuerdo que podemos dejarle a los demás. Que la familia pueda recordar nuestro amor por Dios, nuestro buen actuar y nuestro vivir pensando en los demás. Ganémonos el cielo como seguramente muchos de nuestros seres queridos lo han logrado: “Ya reinan con Cristo; con Él "ellos reinarán por los siglos de los siglos" (Ap 22, 5; cf. Mt 25, 21.23). Vivamos en gracia, y en una serena alegría porque la muerte no tiene la última palabra. Recordemos que el cielo es tener a Dios y tener a Dios es vivir en Él.

Cuando nos pregunten ¿qué es el cielo? Respondamos: es la meta.

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