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Blog - Parque Del Recuerdo - Camposanto Católico

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LA RESURRECCIÓN: VENCE A LA MUERTE Y AL DOLOR

Toda nuestra fe cristiana está basada en el acto de amor más grande realizado por Jesús: entregar su vida por nosotros y resucitar para darnos la vida eterna. Pero ¿cómo esto cambia nuestra existencia y nuestra forma de ver la vida y la muerte?

Cuando un ser querido se va, la tristeza y el dolor muchas veces no nos dejan recordar la promesa de nuestro Señor. Si calmáramos nuestra alma del dolor humano por un momento, y nos concentráramos en lo que tantas veces hemos escuchado, pero no oído con claridad, comprenderíamos, que, al resucitar Jesús, Él vence a la muerte y nos ofrece la esperanza de nuestra resurrección al final de los tiempos.

La muerte no estaba contemplada en los planes de Dios; Dios no nos creó para morir. Sin embargo, la muerte entró en el mundo como consecuencia del pecado del hombre. Es Cristo quien con su muerte nos devuelve la esperanza en la vida eterna.

Muchas veces escucharemos que la muerte es el fin y eso es falso.  Si aceptamos ello, estamos negando la resurrección de Jesús. Por tanto, en la resurrección está nuestra esperanza, en ella la base de nuestra fe y con ella la certeza de una vida mejor.

En la muerte, Dios llama al hombre hacia Él. El hombre puede transformar su propia muerte en el momento anhelado de unión y amor hacia el Padre. Gracias a Cristo, la muerte cristiana tiene un sentido positivo. "Para mí, la vida es Cristo y morir una ganancia" (Flp 1, 21). "Es cierta esta afirmación: si hemos muerto con él, también viviremos con él" (2 Tm 2, 11).

Es verdad, que la esperanza no quita el dolor de una pérdida de un día para otro. Pero en ella hay una realidad, una verdad, que debemos repetirnos una y otra vez y no olvidar la promesa de Cristo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y ninguno de los que viven y creen en mí morirá jamás” (Jn 11, 25).

Él vive, y por esta razón tenemos la esperanza de que la vida de nuestros seres queridos ha sido transformada y han sido invitados a la vida eterna en el cielo. No dejemos de rezar por ellos para que la misericordia de Dios los acoja en sus brazos y podamos vivir con esperanza la alegría de la Resurrección.

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