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Blog - Parque Del Recuerdo - Camposanto Católico

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PREPARARNOS Y PURIFICARNOS PARA ENCONTRAR A DIOS

En la vida Dios nos invita permanentemente a acercarnos a Él. Todos estamos llamados a la santidad y para ello debemos prepararnos amando y cumpliendo sus mandamientos, es decir, vivir en coherencia con nuestra fe. Pero somos frágiles y débiles y nos alejamos por nuestro pecado e incoherencia a vivir la vida plena en santidad al que Dios nos invita.

El vértigo de la actividad diaria hace que nos desviemos de lo realmente importante. La actual cultura no nos remite a Dios. Sólo nos habla del éxito en este mundo, es decir, de cómo ser grandes profesionales y “triunfar” con poder económico, encontrar tu pareja y alcanzar la fama. Sin embargo, esto nos lleva a una distracción fatal: que este mundo no es para siempre y que algún día me encontraré cara a cara con Dios y me preguntará cuánto lo amé y cuánto amé a mi prójimo.

Si realmente me esfuerzo por ser cristiano, la misericordia de Dios saldrá a mi encuentro aquel día que me convoque. Capaz no sea puro ni perfecto, pero si he perseverado a pesar de mis caídas, me he arrepentido y acudido a los sacramentos de la confesión y la comunión, el Señor ha dispuesto para aquellos que le faltan purificar un paso previo al Cielo: el purgatorio.

El purgatorio es la manifestación de la misericordia de Dios. El Santo Cura de Ars lo llamaba «el hospital del buen Dios». Allí nos limpiamos, nos preparamos para la bienaventuranza eterna. El purgatorio es un paso previo, a nuestra ida al Cielo, en donde seremos purificados para poder disfrutar plenamente de la presencia de Dios.

En ese sentido debemos orar por las almas benditas del purgatorio, para que logren santificarse y así lleguen a la verdadera eternidad. Quizás muchos de nuestros seres queridos están en ese caminar, oremos por ellos, pidamos para que vean a Dios. La escritura nos invita a hacerlo, "Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado" (2 M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. (Catecismo de la Iglesia Católica 1032).

¿Y Nosotros?, no debemos dejar de luchar esforzarnos por llegar directamente al Cielo, trabajemos el corazón en la bondad. Estamos invitados a “purificamos de toda mancha de la carne y del espíritu” (2Co 7, 1; cf. 1 Jn 3, 3). Recuerda que la vida es un regalo que hemos recibido para prepararnos y purificarnos y así llegar a Dios. Ese debe ser nuestro caminar, ese debe ser nuestro recuerdo en la vida. Que te recuerden santo.

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